LA GUERRA DE LA GENTE SIN NOMBRE

CORRESPONDENCIAS PARA EMPRENDER UN NUEVO VIAJE

Correspondencias para la Paz

 

Este especial multimedia hace visible el intercambio de video cartas entre estudiantes y ex-combatientes de la antigua guerrilla de las FARC. Esta correspondencia permitió que los habitantes del Espacio Territorial de Reincoporación y Capacitación (ETCR) Héctor Ramírez, pudieran responder de viva voz preguntas e inquietudes que jóvenes universitarios tenían sobre su nueva vida en la civilidad.

En este ETCR viven más de 200 excombatientes de las FARC desde marzo de 2017, el cual está ubicado en la Vereda Agua Bonita, en el municipio de Montañita, Caquetá, y es uno de los 26 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación producto de los acuerdos de paz.

Remitente

Destinatario

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Ana María Mejía
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Olmedo Vega
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Ana María Mejía

Olmedo Vega

Jessika Restrepo

Mauricio Sánchez

Kelly Matínez

Alexánder Gómez

Mariana Yepes

Jhon Jader Santrich

Alejandra Valencia

Daniel Aldana

Juliana, David, Mariana, Estefanía

Nelcy Baquiro

Kelly Matínez

Carlos

Maria Alejandra Salazar

Jacinto Escobar

Ana María Mejía

Esteban Pávez

Laura Henao

Esperanza

Alejandra Valencia

Jorge Suárez

Jorge Durango

Jaime

Capítulo 1: Los invisibles

 

 


 

Para llegar a este punto de la geografía colombiana, muchas veces olvidado y estigmatizado, fueron 18 horas de viaje desde Medellín. Un recorrido por el centro y el sur de Colombia: cinco departamentos, decenas de pueblos y caseríos. En la ruta, la geografía escarpada de la cordillera central, la exuberancia del desierto de La Tatacoa y el río Magdalena a nuestro  encuentro constante. Al final del recorrido, el reencuentro con la cordillera, y solo unos kilómetros después, el pie de monte amazónico.

En las mochilas de Desarmados: 16 videocartas enviadas a las Farc hechas por los jóvenes del país, cámaras fotográficas y de video, papel y lápiz.

El objetivo: que estos hombres y mujeres contestaran los mensajes y preguntas: ¿Por qué llegaste a las Farc? ¿Qué sueñas hacer después de la guerra? ¿Qué te divierte? ¿Te gusta bailar? ¿De qué equipo de fútbol eres hincha? ¿Qué es lo más lindo que han visto tus ojos?

Algunos de las preguntas estuvieron relacionadas con el proceso de paz y el posconflicto: ¿Qué los motivó a hacer parte de este proceso de paz? ¿Cuál es la respuesta a las personas que no creen en este proceso?

Todas estas preguntas, mensajes, esta conversación que se ha ido tejiendo desde el respeto y la libertad, es producto de la creencia del proyecto Desarmados en que las personas, y en particular las personas del común, debemos asumir la responsabilidad histórica de trabajar por las transformaciones sociales y políticas necesarias para que las futuras generaciones no vivan, ni sufran, los padecimientos sobrellevados en los años de la guerra.

El mensaje es claro: los ciudadanos, ustedes, nosotros, jóvenes y no tan jóvenes, somos los actores encargados de aterrizar en la realidad cotidiana eso denominado como “cultura de paz”, que no es más que poder alcanzar colectivamente los mínimos necesarios para que todos podamos vivir en una sociedad que garantice nuestros derechos, potencie nuestras creatividades, respete las diferencias y que permita generar altos grados de bienestar para todos.

Capítulo 2: Rostros e historias

 

Dice que nació debajo de un árbol de totumo, a la orilla de una quebrada, en las montañas del departamento del Caquetá. Quizás por ese escenario surreal en que su madre dio a luz, desde niño siente una conexión con la naturaleza. Ahora, después de acogerse al acuerdo de paz firmado por las Farc y el Estado colombiano, su sueño es recibir una beca para estudiar ecología y dedicar su vida a defender el medio ambiente.

Su nombre es Olmedo Vega, tiene 45 años, de los cuales 35 hizo parte de una de las guerrillas de izquierda más antiguas del mundo, conformada oficialmente en 1964 y señalada durante décadas de ser un grupo terrorista tanto en Colombia como en varios otros países. Sin embargo, él, junto con otros 11.348 guerrilleros, según cifras del Gobierno Nacional, se desmovilizó tras el acuerdo de paz.

 

Para él este ha sido un cambio transcendental no solo en la rutina del día a día, en los quehaceres que impone la vida civil, sino también en la tranquilidad que implica haber dejado la guerra, las armas y dedicarse ahora por completo a las labores del campo y a terminar su educación secundaria. Ahora estudia matemáticas, física, química y hasta inglés. Todos los días les dejan tareas: ¿Qué significó políticamente la llegada de un astronauta norteamericano a la luna?

Todo esto, dice Olmedo, implica nuevos retos, más trabajo y sobre todo, el compromiso de sacar adelante el nuevo proyecto, el más grande, el de la paz. Por eso, cuenta que sus días comienzan a las 5:00 a.m., cuando se levanta, una hora después están todos reunidos esperando las instrucciones de los líderes, los planes de trabajo y las tareas asignadas a cada uno.

“Los que estamos estudiando nos vamos a recibir clase, los demás se dedican a sembrar o desmalezar los cultivos o a proyectos productivos. Cada mes nos toca el turno de la ranchería o la cocina, como cuando éramos una guerrilla. El trabajo acá es colectivo y socializado entre todos, por eso no hay malentendidos”.

Según Federico Montes, uno de los líderes del Territorio, es mediante una Junta de Acción Comunal que se coordinan las actividades educativas, agrícolas, artísticas y culturales. “Nosotros vamos distribuyendo el personal de acuerdo a sus capacidades. Hay unos que se dedican a la carpintería, otros a la panadería o la modistería. También hay 120 recibiendo los cursos del Sena y otros 70 que están terminando la educación básica y secundaria”, dice.

Todos, señala el líder, tienen que realizar actividades colectivas como la preparación de los alimentos, la cría de aves, la producción piscícola y el cuidado de los cultivos de piña y plátano. Explica que el objetivo es trabajar de forma mancomunada, por eso todas sus lecturas en este momento giran en torno a la economía solidaría, que según él, es una forma de producción centrada en el ser humano y no en la priorización del capital.

El objetivo, afirma Federico, es hacer del Territorio “un proyecto de vida digna, donde los excombatientes puedan vivir sin necesidades, ayudándonos y desarrollando las tareas entre todos”. Por esto asegura que para que ese proceso se consolide  el Gobierno debe solucionar la propiedad sobre la tierra, pues el terreno en el que habitan desde hace tres meses es arrendado. Por ahora solo esperan una medida que los lleve a continuar su proyecto de vida.Ese proyecto aunque es comunitario implica sueños individuales. Eso asegura Mauricio, uno de los excombatientes más viejos del nuevo poblado, con 72 años. Recuerda como hace casi dos décadas estuvo en el basurero Doña Juana, principal vertedero de basura de Bogotá, en la localidad de Ciudad Bolívar.

Allí vio niños, niñas y mujeres, algunos descalzos, buscando ropa, comida u otros residuos, algunos que pudieran revender. Eso le produjo  rabia y tristeza, por eso “ahora quisiera ayudar a esas personas, darles una mano para que puedan estudiar y salir adelante”.

Cuenta como al principio no estaba muy convencido del proceso de paz, pues según él tantos años de guerra le habían quitado la fe en los gobiernos; pero ahora  se siente contento, pues dice que “está metido en el cuento de la paz” y espera dedicar sus últimos años de vida a hacer algo por la gente.

“La ilusión mía es mirar una Colombia igualitaria, equitativa, sin explotación, educación gratuita, todo el mundo con vivienda digna, una Colombia socialista”, dice. Por ahora, siempre con la convicción de cumplir su sueño, se va adaptando al cambio. Dedica sus días al cultivo de plantas medicinales, asiste a los talleres, conversatorios y charlas, habla y comparte con sus compañeros y descansa, pues la guerra también le ha dejado muchas enfermedades.

Capítulo 3: Los recuerdos de la guerra

 

Recostando en una silla del quiosco comunal, sin camisa y con un sombrero de paja, Olmedo sonríe y asegura que el futuro ya no depende de las armas y ahora le apuestan al diálogo. Mauricio, que está sentado junto a él,  asiente con la cabeza y  añade que por esa necesidad de conversar es que le gustan las visitas: “es así que empezamos a conocernos”, dice.

Ninguno de los dos extraña la guerra, aunque señala que la lucha subversiva sirvió para definir la importancia de los valores y las normas del reciente partido de las Farc (Fuerza Alternativa del Común). La guerra, expresa con seguridad Olmedo, solo generó destrucción y traumas a todos los que la han sufrido, “desde los campesinos, comerciantes, sus propias familias, hasta los militares y los excombatientes como yo”.

 

“Nosotros fuimos arrastrados por este sistema a la guerra. En esta hay que aplicar muchas prácticas para sobrevivir en la inclemencia del tiempo y la falta de recursos. Los guerrilleros éramos como el caracol con la casa puesta, lo que necesitábamos lo cargábamos. Nosotros acá nos estamos afrontando nuevos retos, es como salir del cascaron.”, cuenta sin nostalgia.

 

De la guerrilla solo tratará de recordar los paisajes que vio en las largas caminatas, los ríos y quebradas, los árboles majestuosos que se encontraba en el camino, también la solidaridad de sus compañeros y de algunos campesinos. Ahora solo espera poder seguir en la legalidad, con la confianza en que los ciudadanos defenderán la paz.

“Nosotros prometimos no volver a incursionar en la guerra, no estamos cañando, no estamos mintiendo y los hechos lo ha visto el país, por eso nos desarmamos, lo que fue muy significativo. Ahora nos tenemos que aclimatar a esta nueva vida y comenzar a pensar en el futuro personal y del partido político que creamos”. 

Así como Olmedo, para Nelcy Baquiro, excombatiente de las Farc, esta es una oportunidad para comenzar a pensar entre todos en un país justo y con oportunidades. Cuenta que fue precisamente con estas ideas que  en 1985, cuando solo tenía 15 años,  entró a formar parte de las filas de la insurgencia. Su familia era muy pobre y ella había crecido en un pueblo del Caquetá, donde no había presencia del Estado, escuchando los discursos de los líderes guerrilleros que reivindicaban el trabajo campesino y proletario.

 “Yo pedí el ingreso y ellos me dicen que  allí se sufre, allí se deja de comer, hay que aguantar hambre, sueño, hay que andar de noche, hay que combatir. No me prometieron dinero, ni cosas bonitas, no me dijeron como dicen los medios de comunicación que me prometían ser la mujer del comandante. Me dieron 20 días para que lo pensaran. Yo decidí hacer parte de las Farc”, narra.

Nelcy llegó a este grupo guerrillero habiendo cursado solo hasta segundo año de primaria, apenas si sabía leer y escribir. Tras su ingreso aprendió de enfermería, de comunicaciones y teoría política. Los comandantes le encomendaban la lectura de tratados de marxismo y teoría comunistas, de las luchas de clases y la historia de Colombia, que resumía y exponía a sus compañeros.

En el conflicto armado también aprendió de geografía, sobre todo de la colombiana. Durante los 32 años que hizo parte de esta guerrilla recorrió casi todo el país caminando por selvas, valles y páramos. “No tengo unas cuenta de los kilómetros que caminé, a veces fueron semanas y meses enteros. Uno recuerda con los tiempos y con los días, pero en el presente usted sigue la meta y todo va quedando en la historia”, dice.

 Lo más difíciles de la guerra, narra la mujer de 40 años, “es cuando uno se queda solo en la pelea, en el combate,  se segrega del grupo, no los ve o no los encuentra y eso es difícil. Pero así  usted  debe saberse defender sola ante el enemigo, no doblegarse, no irse a entregar, orientarse y salir sana y salva”.

Ahora, después del proceso de paz, el reto de Nelcy es seguir aportando con sus habilidades al partido político de las Farc y a la sociedad, desde cualquier ámbito. Una de sus dedicaciones diarias en el Territorio de Capacitación es la modistería y está estudiando para terminar la educación secundaria y comenzar una carrera profesional o técnica.

“En la guerra se fueron muchos amigos, muchas personas queridas, por eso ahora desde la legalidad seguiremos luchando por la justicia. También pienso que tenemos que terminar de construir el pueblo para poder acomodarnos u organizarnos  mejor y tener mejores condiciones de vida”, explica.

 

Capítulo 4: El reencuentro

 

Lo que les ha impreso optimismo a los excombatientes de las Farc frente al proceso de paz ha sido el reencuentro con sus seres queridos, la posibilidad de tenerlos cerca y conformar una familia.

“Después de tantos años de confrontación había gente que llevaba hasta 15 años sin saber nada de sus familiares. Así que este 2017 ha sido un año de reencuentros. Hemos vuelto a ver a  nuestros padres, madres, hijos, algunos han conocido a sus nietos y  a los niños que nacieron cuando ellos estaban en la guerra. Acá vienen a visitarnos los familiares, a estar con sus hijos que hace tanto no veían”, cuenta el excombatiente de 37 años que pasó 17 de estos en las filas de esta guerrilla.

En su caso, narra Federico, ha podido visitar a su familia en el departamento del Huila, compartir con ellos, desatrasarse de todos los sucesos que vivieron mientras él no estaba: muertes, nacimientos, enfermedades, tristezas o alegrías. Ellos también han estado en Territorio de Capacitación acompañándolo y brindándole su apoyo en este nuevo paso.

A Nelcy Baquiro también le ha traído satisfacción volver a ver a su hija, que nació en la guerrilla, en la selva del Caquetá, y tuvo que dejar al cuidado de sus familiares.

“No pude tenerla en el campamento porque no era permitido, el reglamento no dejaba. La que quería tener su hijo podía salir, tenerlo, dejarlo con su familia y volver o podía quedarse con él”.

La hija de Nelcy ya tiene 25 años y es madre. Hace 5 meses la excombatiente pudo conocer a su nieto. Asegura que aunque ha recibido visitar de familiares y amigos, su verdadero grupo familiar son los integrantes de las Farc. “Yo  nunca fui muy apegada a mi hermana o a mis papás. Mi familia es todos los que usted ve acá, todos los camaradas, mujeres y hombres”, puntualiza.

Desde hace 3 meses, en que comenzaron a construir las casas, la biblioteca y los espacios de reunión, el Territorio de Capacitación se ha convertido en una pequeña población, lugar de reencuentro de las familias que tuvieron que dejar por el conflicto armado. Los niños corren por las calles, ya delineadas pero llenas de huecos y charcos, las abuelitas van detrás de ellos tratando de cuidarlos de cualquier peligro, mientras los padres hacen las labores que se les ha encomendado; estudian o se dedican a las tareas propias de sus nuevos quehaceres académicos.

 

Capítulo 5: Cambios y retos

 

Como en el caso de Mauricio, Olmedo y Nelcy, asegura Federico, en menos de un año las actividades, las responsabilidades, las preocupaciones y hasta los sueños de los excombatientes han dado un vuelco, se han transformado. De estar en el monte, rodeados de naturaleza, atacando o defendiéndose de la ofensiva militar, caminando 3 a 5 horas diarias, ahora dedican la mayoría de su tiempo a trabajar o a estudiar.

“Llevamos una vida más sedentaria. Estamos más gorditos, más redonditos, no hacemos tanto ejercicio. Algunos han comenzado a trotar por su cuenta o a realizar otro tipo de ejercicios. La vida ha cambiado, pero no la forma en que nos organizamos, en que convivimos o afrontamos el día a día”.

Los excombatientes, dice Federico, tienen la posibilidad de la salir y entrar a la zona, muchos de hechos ya tienen empleos en fincas o poblados cercanos. Otros han decidido volver con sus familiares o se encuentran haciendo cursos, capaciones o carreras tecnológicas en Florencia o Bogotá.

En el caso de Olmedo, aunque pase el tiempo y obtenga títulos, nunca olvidará donde nació, ese palo de totumo en donde su madre lo recibió. Hace dos meses quiso volver a aquel lugar, buscó el árbol, escudriñó entre el pastizal, el bosque y la montaña, pero no encontró nada. Dice que el tiempo parece acabar todo, el pasado tiene un término y él ahora se ubica en el presente. Se imagina un futuro fuera de la guerra, por eso su cabeza y su corazón están en la paz.

 

Capítulo 6: La transformación desde el diálogo

 

Desde Desarmados queremos expresar que creemos que nuestra tarea desde la sociedad civil es contundente: todos debemos asumir nuestra responsabilidad histórica de ayudar a que las posturas radicales presentes en la sociedad se transformen en espacios de discusión respetuosa, que conlleven así a que esa otrora “cultura militarizada” que nos impuso la guerra desaparezca en el país.  Aquí, la civilización de la política a través del dialogo es el reto mayúsculo.

El proceso de construcción de paz cuando cesa un conflicto armado es complejo, pero es allí donde todos nosotros, las comunidades locales, los ciudadanos y los grupos sociales organizados debemos sacar a relucir nuestras capacidades creativas y de movilización para que desde el dialogo abierto, y desde el respeto a la diferencia, se pueda construir un nuevo contrato social de interlocución. Este cambio debe pasar, más que todo, por reconocer en el otro, en el vecino, en el colega, a un interlocutor válido, y no a un enemigo a vencer. Es revindicar el valor de la palabra del otro,  la de uno mismo, y las implicaciones de esa “otra palabra” en nuestra vida en comunidad.

Esta es, en suma, la invitación que Desarmados quiere hacer con este especial multimedia: que nosotros como ciudadanos no perdamos esta oportunidad histórica de soñarnos un país más democrático, equitativo, respetuoso de la diferencia e incluyente y hacerlo realidad a través de acciones puntuales en lo cotidiano y en lo local.

En otras palabras, que no perdamos entonces esta oportunidad de reconstruir entre todos un país que esté más a la altura de nuestros sueños de igualdad, justicia y equidad que, por momentos, parecen tan difíciles de alcanzar en el corto plazo. El primer paso para ello es empezar a dialogar en común, en público y en clave de paz, y en este primer paso todos debemos y tenemos que ser participes. Así que ahora, la palabra es de todos ustedes.

Imágenes de la paz

 

Estas son algunas imágenes que dan cuenta de la vida cotidiana en el Espacio Territorial de Reincoporación y Capacitación (ETCR) Héctor Ramírez. Cada fotografía es una huella de la determinación de los ex combatientes por dejar atrás el conflicto armado interno y alcanzar la paz que tantos colombianos anhelan.

   

El ritmo de la montaña 

Dos canciones ilustran el antes y el después del acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno colombiano:

La primera de ellas, "Oye tú, guerrillera", está dedicada a las mujeres que hacían parte de las filas de las FARC-EP, cuando eran las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. La segunda canción se utilizó con fines de propaganda política para las aspiraciones de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (nuevo acrónimo de las FARC) en las elecciones del año 2018.

En ambas se escuchan los ritmos del vallenato, reconocido género musical del caribe colombiano.

Acá puedes leer un artículo que investiga esta reacción de la Ex guerrilla y la música. Música y las FARC: el poder de la música en la transmisión de tensiones, sensaciones, sentimientos y emociones

Equipo de trabajo

Juan Sebastián Zuluaga Zuluaga periodista de la Universidad de Antioquia y Magister en Comunicación Transmedia de la Universidad EAFIT. Trabajó durante 5 años como realizador y director de programas en los canales regionales Telemedellín y Teleantioquia. Cocreador del proyecto Transmedia Desarmados, una plataforma transmedia que busca el intercambio de correspondencia entre protagonistas del conflicto armado y estudiantes de colegios de todo el país. Profesor de cátedra de la Universidad Eafit y la Universidad Católica de Oriente, actualmente trabaja como director creativo de Casa 5 Estudio, una empresa productora de contenidos y proyectos digitales para empresas.

Paola Morales Escobar A los 10 años de edad, con una energía incontrolable y aburrida por la falta de hermanos, inicié un trabajo preciso, casi escrupuloso, el de esculcar cada rincón de la casa. Las mesas de noche fueron las primeras víctimas, después seguí con los armarios, en donde encontré secretos que me merecieron varios regaños. Pero nunca nada me detuvo y llegué al lugar en donde siempre debí estar, en la biblioteca. Ahí descubrí la colección de Mafalda y otras tiras cómicas de mi mamá, y los libros de viajes y misticismo de mi abuelita. Desde ese momento no pude volver a ser la misma, mi energía, creatividad y curiosidad se enfocó en ese universo narrativo -ilimitado e irresistible- que he explorado a través del periodismo escrito, el video, la fotografía, la publicidad, la comunicación organizacional y los proyectos transmedia.

Fabio Díaz Vergara Sacerdote salesiano, licenciado en Teología y máster en Comunicación Transmedia de Eafit. Trabaja en la Institución Ciudad Don Bosco de Medellín, donde es el encargado de coordinar la pastoral juvenil. Es amante del cine, la radio y la fotografía.

Camilo Tamayo Gómez Profesor Asociado a la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de la Ciudad de Birmingham (UK). Doctor en Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad de Huddersfield (UK). Desde el año 2005 Camilo ha estado involucrado en investigar y realizar proyectos entorno a la defensa de los derechos humanos, la promoción de la comunicación ciudadana, la construcción de la memoria desde el punto de vista de las víctimas, y la indagación de alternativas para la superación de los conflictos armados desde miradas que fortalezcan a la sociedad civil.

Matthew Freeman Investigador y Profesor Reader en Medios Multiplataforma de la Universidad Bath-Spa en el Reino Unido. Co-director del Centro de Investigación en Medios de Comunicación de la misma universidad. Doctor en Medios de Comunicación, Cultura y Cine de la Universidad de Nottingham (UK)Matthew tiene un especial interés en investigar y desarrollar proyectos referentes a las culturas digitales, las narrativas transmedia, los video juegos y los sistemas multi plataforma. Colaborador habitual de varias publicaciones academicas y editor de varios libros sobre los temas de convergencia cultural, narrativas transmedia e industrias culturales.

Andrés Echeverri Soy caricaturista porque el humor es la única forma de entender el mundo que puedo tomar con seriedad. Comunicólogo egresado de la Universidad de Antioquia, he realizado estudios fugaces sobre astronomía y periodismo narrativo, dos temas que me apasionan. Durante mucho tiempo he trabajado en investigación y creación en el área de la danza (aunque no sepa bailar ni un merengue) y también en proyectos relacionados con educación y medio ambiente.

Juan Pablo Valderrama Comunicador audiovisual, Magister en Artes Digitales en una constante búsqueda estética con la que trato de entenderme o entender el mundo. He trabajado en diferentes campos como el periodismo, la realización audiovisual y la animación. Me gusta hacer pan, música e instrumentos musicales

Agradecimientos

 

Queremos agradecer a todos los excombatientes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Héctor Ramírez, en La Montañita, departamento del Caquetá; sin su calidez, disposición y apoyo este proyecto no hubiera sido posible. La misma gratitud debemos a los docentes y estudiantes de la Universidad EAFIT, la Universidad de Antioquia, la Corporación Universitaria Lasallista y la Universidad Católica de Oriente; que se vincularon con este proceso aportando sus sensibilidades para escribir un nuevo capítulo de reconciliación en Colombia.

 

Este especial multimedia se realizó con el apoyo de: